Con respecto al rescate de Cajamarca existen dos versiones. Una dice
que fue el propio Atahualpa quien comportándose como un mercader, ofreció por
su libertad un cuarto de oro y dos de plata hasta la altura de su mano en un
plazo de cuarenta días. La otra versión dice que fue Francisco Pizarro el que
exigió al Inca dicho pago por la obtención de su libertad. Lo cierto es que
aceptado el ofrecimiento o la exigencia, inmediatamente se enviaron mensajeros
indios o chasquis a los confines del imperio y especialmente al Cusco a fin de
que fuesen enviadas a Cajamarca todas las piezas de oro y plata que se
hallasen.

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